LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS

El mundo particular de cada uno no es individual. Llegamos solos , pero habitan a nuestro alrededor personas que con intención o sin ella , se introducen en nuestros universos y nos hacen cambiar.
El papel de los demás no se podría calcular ni existe método científico que pueda determinar hasta que punto nos influyen.
La psicólogía habla de interacción entre genética y ambiente; pero yo creo que el hombre es un misterio profundo, imposible de simplificar.
Los demás nos hacen ser quienes somos; sus expectativas sobre nosotros, el modo en que nos sentimos valorados o despreciados; va erosionando lentamente nuestro corazón, marcando surcos profundos que van labrando un vacío existencial en la personalidad del hombre.
Y poco a poco , nuestra forma de ser va emulsionando al vaivén de nuestras relaciones sociales. Nosotros, ávidos y hambrientos de reconocimiento, de aprobación, rapiñamos las migajas de cariño para no caer en el oscuro abismo que supondría la ignorancia de los demás. 
La aprobación de los demás es el oxígeno contaminado que luchamos por respirar y para conseguirlo nos hacemos los esclavos más acérrimos del dinero, el éxito, el físico, el altruismo y un largo etcétera de causas efímeras , falsas y estériles.
Esta forma de vivir no hace feliz al hombre. En ocasiones, a través de los fracasos, de caídas monumentales, llegamos a abrir los ojos y contemplar la miseria de no ser nosotros mismos.
Hay personas cuya respuesta es la de poner un grueso escudo en el alma y mentirse a sí mismo, diciéndose que no le importan las personas , que no necesita a nadie. Es la reacción natural de quien ha sido herido.
Ciertamente, el amor de los demás es algo bueno y que nos da felicidad; pero ganar el afecto del otro como si fuera un trofeo genera falsedad.
Sólo nos queda, por tanto, una hipótesis  para responder a este misterio: 
Desear amar más que ser amado; aprobar al otro más que ser aprobado; reconocer más que ser reconocido. Consolar más que ser consolado. ¿Cómo podrá mi corazón estéril vivir algo tan grande? Cuando tú quieras mi Dios.

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