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TEOLOGÍA DEL FRACASO

  El fracaso es sin lugar a dudas una de las experiencias humanas más dolorosas. Las personas formamos en nuestra mente cientos de ideas sobre lo que es bueno para nosotros, lo que nos va a hacer felices, las metas que un día debemos alcanzar en nuestra vida. La profesión o el estatus que deberíamos conseguir y los logros personales que deberíamos desarrollar. Cuando eres joven, sobre todo, estás llenos de sueños y expectativas que repasas diariamente en tu mente y consideras con gran seriedad. Estas ideas que formamos, están muy influidas por los valores recibidos en nuestros hogares y las expectativas que se tienen sobre nosotros. En cierta manera, se puede afirmar que buscamos ser felices según los cánones de nuestra sociedad, de nuestra familia y de nuestro entorno más íntimo. En el mundo occidental actual, el éxito tiene muchos parámetros: conseguir un buen trabajo, adquirir muchos títulos académicos, tener una pareja atractiva y competente, un buen coche, una buena casa, pode...

DECISIONES

  Tener fuerzas, o no tenerlas. querer luchar o rendirnos, avanzar o retorceder, mirar al otro o mirar a nosotros mismos. Cada día escogemos , elegimos, seleccionamos entre una opción u otra. Nos vemos obligados a escoger continuamente en un vaivén de mareas desorganizadas, inconscientes,  ya estamos eligiendo... y la vida sigue así, bamboleándose entre nuevas decisiones. A veces el tiempo es cruel, al quedar para siempre marcado con nuestros errores, con nuestras malas decisiones. Trabajar o descansar, amar u odiar, recordar u olvidar, perdonar o vengar. ¿Somos realmente libres al elegir? porque a veces pareciéramos pobres esclavos de la casualidad, a veces pareciera que preferimos que sean los demás quienes decidan por nosotros. Nadie quiere equivocarse y sin embargo, es imposible no hacerlo. Me gusataría escuchar la voz, de quien no puede ya luchar en esta fatigosa guerra por nuestra libertad; escuchar al que se ve obligado a elegir lo que no quiere, al que se siente esclav...

CUANDO NO VEMOS LO QUE NECESITAMOS

Todos estaríamos de acuerdo en afirmar que la felicidad es el fin de cada ser humano. El problema llega al descubrir que no somos capaces de ser felices por nosotros mismos. Apenas conseguimos migajas de felicidad, cómo seres hambrientos que se conforman con las cáscaras y las peladuras, al no encontrar nada más sustancioso. Creo que la mayoría de las personas me darían la razón si le dijera que el secreto de la felicidad es el amor. Pero es frustrante comprobar, que por más que el hombre conozca en su interior el profundo deseo de amar y ser amados; apenas somos capaces  de mostrar afectos y en su mayoría egoístas e interesados en su origen.  ¿Porqué es imposible este amor? Lo anhelamos tanto como lo despreciamos. He buscado en mi interior y he hallado un gran deseo de hacerme especial a los demás, de buscar su admiración; la mayor parte de las veces , no estoy contenta si no destaco positivamente en la opinión de mi prójimo. Observo en mí una obstinación tal en este sentido,...

ME GUSTA LA GENTE QUE SE SIENTA EN SUS PUERTAS

Me gusta la gente que saca sus sillas a las puertas de sus casas al caer la tarde, para tomar el fresco y charlar con los vecinos. Porque muchas veces habitan en barrios humildes y pobres, faltos de limpieza, de jardines o de hermosos paisajes; pero ellos con su sencilla alegría, con la jovial complacencia de su mutua compañía, adornan las calles de belleza. Cuando paso en el coche y los veo, siento deseos de parar, sacar mi butaca para charlar con ellos. Me gustan los niños que juegan en las calles de los barrios; alegres, sucios y libres. Recorren las callejuelas como si un universo fuera, correteando sin miedo los senderos. Me hacen recordar la infancia, cuando para sentirme libre sólo tenía que cruzar mi puerta. Me gustan las mujeres que cuidan macetas, los hombres que aman sus campos, las señoras que te hablan en las paradas del autobús, sin importarle lo que se piense de ellas. Me gusta la gente bruta, que saluda a gritos a sus conocidos por las calles. Me gustan los niños que ju...

EL VACÍO

Pienso que todas las personas saben lo que es el vacío. Una tristeza profunda en el alma. La creencia de no ser nada, de estar solo. Es nuestra voluntad aferrarnos a ese vacío y precipitarnos al abismo o mirar a lo alto. ¿De qué dependerá está decisión? La que nos impulsa a confiar o a desertar, a claudicar a la esperanza o aferrarnos a ella. ¿Porqué hasta en la más desesperada situación hay personas que eligen el bien y otras que no eligen nada? ¿Dónde anidan los más siniestros temores del hombre? ¿Cuándo es el momento en que un hombre decide abandonar la esperanza? ¿Es posible hacer de nuestra voz una flecha encendida que penetre en lo más hondo del prójimo y se convierta en una pequeña llama en la oscuridad? ¿Porque es precisamente en las crisis personales cuando más maduramos, cuando mostramos una mayor generosidad y desinterés? Un día, un momento, un instante, simplemente abrimos los ojos  y germina en nosotros la semilla del amor.

PRIMERAS HERIDAS

Es extraña la manera en la que, durante la incipiente infancia, mientras tratamos de desentrañar  qué es el mundo y en qué consiste la vida; quedan ocultas las heridas en el alma. Heridas que precisamente marcan las decisiones más importantes que tomaremos en nuestro futuro. Marcan a fuego nuestra persona, lo que somos, la manera en que nos comportamos y sobre todo nuestros miedos más secretos. En el mundo de las sombras moran estos miedos ocultándose de nuestra conciencia, siempre presentes y ciegos. Nos atormentan en el descanso nocturno, vislumbrándose tras el turbio telón del subconsciente. Miedo a no dar la talla, miedo a la muerte, a no ser querido, a ser vulnerables, … son dardos envenenados que se funden en las paredes del corazón y lo asfixian poco a poco. Muchas veces surgen en los momentos más insignificantes de la niñez, pasando desapercibidos a nuestros ojos. Nacen de experiencias cotidianas y quieren habitar en nuestra vida y hacernos sus dóciles esbirros. No sé porq...

REALIDAD VERSUS MATRIX

Imaginemos que pudiéramos diseñar la realidad que vive cada uno según nuestros propios criterios y deseos. No me cabe duda de que sería una tarea harto placentera para todos. Nuestros defectos y carencias serían eliminadas de un plumazo, dotándonos de un buen físico, mayor inteligencia y talento, ... ¿Y después? Por supuesto nuestros logros, eliminaríamos cualquier sombra de fracaso, para zambullirnos en una espiral de éxitos cada vez más espectaculares.  En esta fantástica hipótesis en la que verdaderamente tuviéramos el poder de configurar nuestra realidad, habríamos ganado la admiración de los demás , que buscarían nuestra compañía y nuestros favores. El problema empieza aquí y es que no se puede comprar el amor. Ni siquiera el haber solucionado la vida más miserable, nos puede asegurar el cariño de alguien. Más pronto que tarde, experimentaríamos la frustración de vernos obligados a comprar las lealtades de las gentes.  Creo firmemente que el verdadero secreto de la vida e...