ME GUSTA LA GENTE QUE SE SIENTA EN SUS PUERTAS

Me gusta la gente que saca sus sillas a las puertas de sus casas al caer la tarde, para tomar el fresco y charlar con los vecinos. Porque muchas veces habitan en barrios humildes y pobres, faltos de limpieza, de jardines o de hermosos paisajes; pero ellos con su sencilla alegría, con la jovial complacencia de su mutua compañía, adornan las calles de belleza. Cuando paso en el coche y los veo, siento deseos de parar, sacar mi butaca para charlar con ellos.
Me gustan los niños que juegan en las calles de los barrios; alegres, sucios y libres. Recorren las callejuelas como si un universo fuera, correteando sin miedo los senderos. Me hacen recordar la infancia, cuando para sentirme libre sólo tenía que cruzar mi puerta.
Me gustan las mujeres que cuidan macetas, los hombres que aman sus campos, las señoras que te hablan en las paradas del autobús, sin importarle lo que se piense de ellas. Me gusta la gente bruta, que saluda a gritos a sus conocidos por las calles. Me gustan los niños que juegan con cajas de cartón , con palos, con canicas y con mangueras.
Me gustan las flores silvestres que adornan las carreteras y los jazmines con su dulzor veraniego. 
Me gustan las lagartijas, los grillos, las chicharras, las hormigas juguetonas marchando al hormiguero.
Me gusta contemplar la belleza de las pequeñas cosas,  que tantas veces pasa desapercibida de las miradas que marchan ansiosas por la vida hasta la muerte.

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